La noche ha llegado. El cielo se muestra suave y azul, y la luna, redonda y amable, brilla en lo alto. Bibi es una pequeña osa, y Nino, un pequeño erizo. Son amigos. Juntos, caminan por un sendero que exhala el dulce aroma a pino y manzana.
De repente, Nino exclama: "¡Ay!" Una pequeña ramita se ha quedado atascada entre sus espinas. Nino se detiene, inmóvil. Bibi, al verlo, asiente con comprensión. "Te ayudo. Te ayudo ahora", dice Bibi. Con delicadeza, tira de la ramita hasta que esta se suelta. Nino sonríe aliviado. "Gracias, mi amiga. Te ayudaré. Te lo prometo", responde Nino.
Continúan su camino. El viento susurra dulcemente entre los árboles, y un pequeño arroyo canta "pling, pling". De repente, la pequeña manta de Bibi se resbala y cae al suelo, deslizándose cuesta abajo. Bibi se pone triste al verla alejarse. Nino, al verla, asiente con decisión y dice: "Te ayudo. Te ayudo ahora". Con agilidad, Nino rueda cerca de la manta y la empuja con su nariz hasta que Bibi puede alcanzarla. Bibi sonríe, agradecida.
Son dos amigos, dos pequeños corazones. Comparten una manzana crujiente y una risa contagiosa. Y juntos, murmuran: "Yo te ayudo. Tú me ayudas. Juntos somos valientes. Juntos estamos tranquilos".
Las estrellas comienzan a parpadear, y el aire se vuelve quieto y cálido. Bibi y Nino se acercan sigilosamente, pata contra pata, nariz contra nariz. Susurran dulcemente: "Buenas noches, amiga. Buenas noches, bosque. Buenas noches, luna". Sus ojos se cierran suavemente, y sus respiraciones se vuelven tranquilas. La amistad, fuerte y tierna, descansa. La noche es amable.
Fin























