Una lechera regresaba del campo después de ordeñar las vacas, con un brillante cántaro de leche perfectamente equilibrado sobre su cabeza. Mientras caminaba, su bonita cabeza estaba llena de planes para los días venideros.
"Esta buena y rica leche", reflexionó, "me dará mucha crema para batir. La mantequilla que haga la llevaré al mercado, y con ese dinero compraré muchos huevos para incubar. Qué lindo será cuando todos hayan eclosionado y el patio esté lleno de hermosos pollitos jóvenes. Luego, cuando llegue el día de mayo, los venderé, y con el dinero compraré un hermoso vestido nuevo para usar en la feria. Todos los hombres solo me mirarán a mí".
Mientras pensaba en cómo resolvería ese asunto, sacudió su cabeza con desdén, y el cántaro de leche cayó al suelo. Y toda la leche se derramó, y con ella se desvanecieron la mantequilla, los huevos, los pollitos, el vestido nuevo y todo el orgullo de la lechera.
Fin
